viernes, 18 de noviembre de 2011
jueves, 13 de octubre de 2011
El miniproyector de la suerte
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-No lo vas a lograr -dijo uno, con desgano.
-Sólo hay que encontrar dos iguales, no es tan difícil -señaló ella.
-Pero hay seis -apuntó otro.
-Me desconcentran -dijo el propietario del proyector holográfico de la suerte-, van a ver que saco la estrella.
-Un
tache es lo que te va a sal... -no pudo terminar de hablar el primero,
pues frente a ellos apareció la imagen tridimensional de una nave.
-¡Sí! -gritaron.
-El de la esquina.
-¡No, el de en medio!
El
muchacho tocó el de la derecha, justo al lado del anterior, y la imagen
de otra nave apareció. Un grito de júbilo recorrió la garganta de los
niños cuando la luz de la nave los cubrió y se lanzaron a través del
hiperespacio.
...
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Lo encontré dentro de una caja polvorienta, envuelto en una sábana raída por los años. Sus extremidades apenas se sostenían, más bien un racimo de hilachos colgando. Quise abrazarlo, pero explotó en una nube de infinitas volutas. Decepcionado, me alejé, pues las lágrimas habían nublado el último instante de ese recuerdo perdido.
Amnesia
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Se descubrió en lo alto de una muralla gigantesca, a sus pies se extendían una playa y un mar de hielo. No recordaba cómo, por qué, qué... Y comenzó a caminar sobre el filo del muro, descubriendo...
La muerte de Descartes
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A Víctor Mantilla
Sobre los matorrales estaba el ave, caída, sin movimiento aparente. Un hilillo rojo escurriendo por el pico, varias plumas a su alrededor... Hace unos instantes, el pájaro volaba a toda velocidad; ahora, yacía allí, inmóvil. Tocó su cuerpo aún cálido, ¿acaso sus sentidos lo engañaban?, ¿acaso eso ya no era un ave? Se iba a detener a pensar... pero sus sentidos no lo engañaban, eso ya no era un ave, era sólo materia inerte. Entonces supo que el pensamiento era lo que lo había engañado siempre.
La Suciedad
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Pero el regaño no paraba, "no hay nada peor que una bola de gas inmensa y enojada", pensó. Luego, se abotonó el suéter y salió volando hacia el infinito, era más divertido que seguir escuchando a esa señorona llamada Suciedad.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Otra vez el silencio
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Suena una sirena. Cinco disparos seguidos. Ladridos violentos. Me asomo por la ventana. Una motocicleta pasa volando. La noche abismal. El olor de la mota. Otra sirena. Rechinar de llantas. Cinco disparos seguidos. Una tercera sirena irrumpe. Inhalo con los ojos entrecerrados y camino hacia el sofá. Rugen las llantas contra el pavimento. Expulso una nube inmensa. Un choque estrepitoso. Cristales rotos. Un claxon eterno quiebra la oscuridad nocturna.
De paseo
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Era una lágrima profunda, no conocía la tarde, no sabía de la existencia del viento. Se dejó caer por la mejilla, saboreando la calidez del sol. Rozó peligrosamente la comisura de los labios, a punto estuvo de ser absorbida. Escurrió entre la barba de chivo y sintió el soplido de la brisa, arrancándola del rostro y lanzándola hacia los autos. Planeó sobre el asfalto, chocó contra un parabrisas e inició un nuevo deslizamiento...
El muchachito usó un pequeño jalador para eliminar todo rastro de humedad en el vidrio. "Gracias, señora". Y se alejó hacia el camellón, haciendo sonar sus monedas.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Dos sombras
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Apareció entre los arbustos... Yo caminaba con audífonos puestos, en medio de la oscuridad. La sonrisa carcomida emergió de los arbustos. El brillo ausente de sus ojos, la mano extendida, la muerte habitándole... Miré en mis bolsillos. Un vacío. Caminé a su lado, protegiendo al zombie con un paraguas imaginario.
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