jueves, 29 de septiembre de 2011

De paseo


Era una lágrima profunda, no conocía la tarde, no sabía de la existencia del viento. Se dejó caer por la mejilla, saboreando la calidez del sol. Rozó peligrosamente la comisura de los labios, a punto estuvo de ser absorbida. Escurrió entre la barba de chivo y sintió el soplido de la brisa, arrancándola del rostro y lanzándola hacia los autos. Planeó sobre el asfalto, chocó contra un parabrisas e inició un nuevo deslizamiento...


El muchachito usó un pequeño jalador para eliminar todo rastro de humedad en el vidrio. "Gracias, señora". Y se alejó hacia el camellón, haciendo sonar sus monedas.

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