A Víctor Mantilla
Sobre
los matorrales estaba el ave, caída, sin movimiento aparente. Un
hilillo rojo escurriendo por el pico, varias plumas a su alrededor...
Hace unos instantes, el pájaro volaba a toda velocidad; ahora, yacía
allí, inmóvil. Tocó su cuerpo aún cálido, ¿acaso sus sentidos lo
engañaban?, ¿acaso eso ya no era un ave? Se iba a detener a pensar...
pero sus sentidos no lo engañaban, eso ya no era un ave, era sólo
materia inerte. Entonces supo que el pensamiento era lo que lo había
engañado siempre.
2 comentarios:
Aquella vez no sabía que se llamaba La muerte de Descartes.
Ni yo lo sabía, je. Besos y abrazos.
Publicar un comentario