I wish I could write
as mysterious as a cat
Edgar Allan Poe
A Pável Granados
Le gustaba pasearse entre los libros, ronronear mientras rasguñaba las pastas duras, de pronto correr, dar un brinco y aterrizar de pie sobre el sillón rojo. "Popi, ¿cómo está la gata más floja y consentida?". Se dejaba acariciar, restregaba su cuerpo y encogía las orejas. Negro, marrón y blanco. "Sólo las hembras de esta raza pueden tener tres colores". A veces, con mucha frecuencia, se olvidaba. Un departamento amplio era su casa, dominio absoluto en el que podía andar y esconderse, meterse entre la ropa de los clósets, hurgar entre las cajas de discos viejos. Pero irremediablemente, terminaba recordando, no tenía opción. Entonces, se acostaba sobre el teclado de la computadora, posaba su mirada fija en el vacío y comenzaba la transmisión. Millares de códigos alfanuméricos transportados a través del espacio infinito, surcando las nubes de galaxias, abriéndose paso entre el polvo estelar, golpeando de lleno contra el planeta azulado. Una luz roja intermitente se enciende en la habitación destinada al Programa Operativo de Preparación de Invasiones. En el monitor aparece: "Esta especie es completamente inofensiva, prefiere dedicarse a la lecto-escritura que al desarrollo de armas o estrategias bélicas, comenzar invasión lo más pronto posible. Fin del envío". "¿Estás bien, Popi?, te me quedas viendo muy raro". La gata parpadeó y continúo su apacible ronroneo.
