Le dan flojera las palabras, hay tantos malos estados que apenas
puede detenerse en alguno. Sabe que una antigua foto digitalizada consigue más “me
gusta” que una frase ingeniosa. En el muro de un contacto, observa a un hombre de
barba blanca hincado en medio de la calle, sosteniendo entre las manos un tóper
sin tapa, de esos que se usan para los sándwiches. Se siente atraído por la
mirada perdida del mendigo, parece de absoluto desapego, pero se le ocurre
que en realidad vigila atentamente la aparición de un par de zapatos relucientes.
Un tal Abel Robles de Suárez dice que trabaja en: “Ya no tengo corazon, ni ojos
para nadie, solo PARA TI ♥”. Asqueado, vuelve a su muro y se emociona con las
espirales multicolores que Alex le publicó, el verde que rodea las
ramificaciones lilas provocaría crisis convulsivas si comenzara a
parpadear. Reconoce el conjunto de Mandelbrot, busca en su historial la fórmula que explica ese fractal hasta encontrarla. A veces extraña
las minihistorias de los diarios de nota roja, ya casi nadie las postea, sus narraciones
solían ser muy efectivas: “Rezos sin milagro. Resbaló del microbús cuando
volvía de la iglesia”. Pero ahora debe conformarse con poca creatividad: “cada
dia despiert00 kn llanto0 en los oj0s preguntand00m xk lo lastime? ojala leas
est00 ya sabes k es para ti no digo tu nmbre pano metert en problemas”. Le
aburre la batalla épica que emprendieron los muros cubiertos con
flores de cempasúchil contra las calabazas con ojos de fuego, tampoco quiere
saber de partidos políticos. Se pregunta cuándo le permitirán ser administrador de su cuenta, puesto vacío desde que falleció el humano que lo
ocupaba.
lunes, 5 de noviembre de 2012
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