jueves, 26 de enero de 2012

Komodo


En el principio era el aumento de temperatura, el sudor agolpándose en millones de perlas sobre los pómulos, una tensión creciente en la mandíbula, un frenesí incontrolable, ganas infinitas de bailar y la rola de Komodo retumbando en la mente. Un chicle para evitar el rechinido de dientes. Una cerveza para mitigar la sed incontrolable. Un cigarro mentolado para aumentar el efecto. Un jalón de mois para lanzar la mente hacia el mucho más arriba. Luces parpadeantes. Dióxido de carbono explotando en ráfagas entre la multitud apretujada. Gorras de béisbol. Camisetas sin cuerpos. Cuerpos sin camisetas. Una tarima en el centro de la pista. Un aventurero bailarín que se encarama en ella. Otro aventurado que lo sigue y le baila de frente. Pieles rozándose. La pista cada vez más despejada. Otra píldora azul. Chicle, cigarro, cerveza, mota. Cuerpos tambaleantes que parten rumbo a la siguiente fiesta. Cerebros consumidos. Pieles mustias que tiemblan con el frío de la mañana. Nueva pista de baile. Nueva pastilla. La misma música. El mismo calor que sube. El mismo sudor que tensa la mandíbula. Un grito en silencio. Komodo retumba con mayor violencia. De pronto se halla en la habitación de su casa. ¿Quién es el otro? No importa. Calor. Poppers. Piel temblando. Vergas duras penetrando la carne sedienta. Nalgadas. Rugidos. Saliva. Inhala. Grito. Silencio. Consumido… El hombre observa desde su cama la inmensa nada que avanza tragándose su todo.

3 comentarios:

Psyrlos dijo...

Me encantó, pintaste la noche en mi cabeza y a colores.

mas s mas dijo...

Y así

Abán Praxedis dijo...

Gracias, estaba inspirado, lol. Y así...