
De alguna manera, con diferentes palabras, todos a tu alrededor se hacen la misma pregunta. ¿Cómo comenzó ese camino que concluyó contigo un año después esposado sobre el suelo? ¿Qué ocurría en tu mente mientras tus manos apretaban sin aflojar el cuello de esa chica? ¿De dónde salió esa ira que te hizo terminar con su vida? ¿De dónde la frialdad para diseccionar el cuerpo y arrojarlo en bolsas de basura? Eso se preguntan y tratan de responderlo con pasajes de tu historia. Hablan del maltrato en tu infancia, por ejemplo, pero sabes bien que millones de niños son abusados cada día con palabras, con golpes, con terror; y no se convierten en asesinos ni en violadores; no se convierten en verdugos. Siempre has creído que hay algo distinto en ti, algo que te mantuvo apartado de tus compañeros de escuela y te impedía relacionarte de manera natural con las mujeres. Sin duda, no es tu facilidad y dedicación para la Física, por muy trastornado que estuviera tu ego por tu capacidad para ganar concursos, no es eso lo que te ha hecho distinto al resto. Tampoco lo ha sido esa habilidad que dicen que tienes con el piano. En primer lugar, seamos honestos, ¿qué autoridad estética tienen los dependientes de un Liverpool cuya formación musical se desconoce? Te daré el beneficio de la duda, tal vez sí eres el magnífico ejecutante que México estaba esperando, pero tampoco eso te hace distinto a los niños japoneses que (es muy probable) interpretan mejor que tú. ¿Acaso será el taekwondo?, algo que han mencionado poco quienes han escrito sobre ti. Sabes bien que, como en toda disciplina marcial, el objetivo es derrotar al oponente. ¿Fue practicando, cuando por primera vez dejaste inconsciente a alguien de un golpe, que supiste lo sencillo que sería matar? Tal vez, pero eso tampoco es lo que te hace distinto. Ni tu manera propia de hablar, ni tu facilidad para organizar en tu mente, ni la velocidad con que lees novelas, ni tu gusto por Alemania y su cultura y su lengua, ni siquiera la tranquilidad con que has enfrentado el proceso que se ha iniciado en tu contra. Lo que en verdad te hizo distinto durante años fue tu incapacidad para comprender y sentir lo valiosa que es la vida. Hasta ese momento en que tus manos se separaron y fuiste consciente de que ella ya no era ella, que su risa no volvería a molestarte, que su cuerpo nunca más sentiría un orgasmo, que su mirada quedaría para siempre perdida y desencajada, sin comprender lo que estaba ocurriendo... hasta entonces, fuiste consciente de lo magnífica e irrepetible que es una vida. Tuviste que hacer un viaje y aprender a tallar la madera para saber lo que significaba tener un amigo. Fue necesario que trabajaras como mesero para vivir como un joven normal. Debiste terminar bajo la rueda para entender lo que ocurrió cuando decidiste asesinarla. No, no fue tu egocentrismo el culpable, tampoco tu cuerpo entrenado para asesinar, ni tu alma distorsionada por las palabras. En aquel momento, por primera vez, esas tres entidades que te conforman fueron una en tu versión más oscura y, desde entonces, tendrás que vivir sabiendo quién eres. También sabiendo que, por encima de todos los rostros tuyos que el mundo ha conocido, será éste el que más recordemos.
Lo anterior ha sido literatura, si para alguien ha resultado más precisa que el periodismo, no sabría a quién responsabilizar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario