domingo, 11 de marzo de 2012

Yo sí te necesito

Hacía muchísimo calor, a la Mine se le escurría el sudor por la carita. Nos fuimos caminando por toda la calle nueva, ésa que va para la laguna, no sé cómo se llama. No, no el Callejón del Sapo, la otra, la nueva, la que baja de la colonia. Nos fuimos derechito y yo ya no aguantaba mis piernas, el gordo pesa mucho, ya está bien grandote. Me da risa que les dejan mucha tarea, ni saben escribir ni nada, pero ya les dejan tarea. La Mine quería un refresco y nos metimos a la tienda. El señor Carmelo estaba trenzando la lámina, lo saludé y me contestó con la cabeza, mi tía dice que no habla desde que ya no está la Jacinta. Le dejé el dinero sobre el mostrador, nos bebimos el refresco en la sombrita y el gordo empezó a chillar porque quería más. Carmelo no'más me volteó a ver y mejor nos fuimos. Llegamos al charco luego de cruzar por los troncos, ahora está bien chiquito, ya no sirve ni para lavar la ropa, está todo seco. Me senté y dejé que se pusieran a correr un rato, querían que los atrapara, pero yo no tenía ganas. Más bien me quedé pensando en la burra de don Carmelo, de cuando vi cómo su esposa se la llevaba en la noche, yo iba regresando de acá, tenía mucho sueño y me dio un susto la Jacinta cuando su hocico apareció entre las ramas. Detrás salió Lucía, le pregunté que a dónde llevaba a la burra y me miró con disgusto, ya ves que no le caigo bien. "Pregúntale a mi marido, que él te diga". Siguió de largo, las vi perderse en la oscuridad. Adentro de la casa sonaba la voz de Carmelo, cantando borracho: "pidiendo tu regreso y tus besitos / gritándole al olvido, maldito / bebiéndome la vida, perdido / jodido entre las noches sin tu cuerpo". Pues yo creo que la quería mucho, porque me asomé y lo vi con la botella en la mesa, con el vaso lleno y cantándole a un manojo de pelos de la cola de la Jacinta. Me dio mucha tristeza.

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